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Mi hija, mi maestra

Enseñé a mi hija palabras y, a cambio, ella me enseñó el significado de esas palabras: amar, cómo amar y ser amado, generosidad y amor incondicional. Me enseñó a ser paciente, perseverante, tolerante y generosa.

Dina

Fatma Sakr y su hija Dina Galal

 

Por Fatma Saqr, madre de la mensajera mundial, Dina Galal de Egipto

 

Los padres piensan que solo ellos pueden enseñar a sus hijos, pero lo cierto es, en mi opinión, que sucede justo al revés. Como prueba de ello, les contaré la larga historia de mi hija Dina, que comienza hace 35 años, a lo largo de los cuales me ha enseñado muchísimas cosas.

Enseñé a mi hija palabras y, a cambio, ella me enseñó el significado de esas palabras: amar, cómo amar y ser amado, generosidad y amor incondicional. Me enseñó a ser paciente, perseverante, tolerante y generosa.

No niego que educar a Dina no haya sido difícil para mí. Ella necesitaba atención y cuidados especiales constantemente. No había nadie que me ayudase u orientase para ayudar a esta niña y educarla. Aunque mi marido es médico, nadie nos dio orientación alguna. Lo único que comprendimos en ese momento es que esta niña iba a necesitar más dedicación y esfuerzo que un niño sin su discapacidad.

 

 

"No os encerréis en vosotros mismos"

Fatma Sakar animando a Dina

Mi marido tenía una paciencia enorme. Jamás se cansó de comprar a Dina libros con ilustraciones, que ella siempre rompía. Aún así, volvía a traerle otro y ella reaccionaba del mismo modo, una y otra vez, hasta que comenzaron a gustarle y empezó a pedirlos por sí misma. Compartía esa misma afición por la música. Hace 30 años, su padre le compró un radiocasete para que pudiese escuchar música. También en ese caso, se dedicaba a destrozar las cintas y él le compraba nuevas, hasta que se aficionó a la música. Era la forma en que Dina aprendía mejor palabras nuevas, especialmente con las canciones del fallecido cantante, Abdel-Halim Hafez.

Durante estos años, las perspectivas no siempre fueron claras, y estuvieron marcados por crisis emocionales y físicas. En esos momentos aprendí el significado de la palabra "extenuada", es decir, cuando sientes que trabajas sin cesar, sin que sirva para nada y, entonces, cuando menos te lo esperas, los resultados son extraordinarios.

Los resultados más satisfactorios se produjeron un día en que Dina fue invitada a hablar en una charla sobre los derechos de las mujeres con discapacidad intelectual. Les pedí que me diesen algo de tiempo para informar a Dina, ya que tenía miedo de que se sintiese incómoda al ser consciente de que sufría una discapacidad mental. Pero fue al contrario, no tuvo problema alguno y aceptó hablar en público. Me sorprendí mucho cuando, en ese instante, cogió un lápiz y escribió su mensaje expresándolo con sus propias palabras: "Lo que quiero decirles a las personas discapacitadas es: no os encerréis en vosotros mismos. Salid a las calles; queremos que la gente nos trate bien".

Abrumada, fascinada

Con vistas al futuro

Dina también ofreció un recital de piano ante Su Excelencia, la Primera Dama de Egipto, la señora Suzanne Mubarak, durante la apertura de la Conferencia Rotaria y durante la apertura del primer Festival de Cine Infantil en el teatro, además de en una recepción en la embajada británica. También viajó a Líbano y a EE. UU. para participar en una competición de atletismo de Olimpiadas Especiales. En Noruega, participó en un programa de intercambio estudiantil entre la organización británica "Right to Live" y un colegio noruego. Dina también tiene conocimientos de informática, y escribe e imprime sus propios textos. 

Otra palabra que he aprendido de Dina es "abrumada", e incluso "fascinada". Así me sentí cuando fue invitada a participar en un congreso de creación artística en la ciudad de Sharjah. Dina era la única persona con discapacidad intelectual de todos los participantes. El día que recibí la invitación me sentí "abrumada".