David Egan: Encontrar su voz

David Egan siempre ha tenido grandes sueños. Desde su infancia, cuando empezó como nadador de las Olimpiadas Especiales, soñó con ganar en las competiciones. A medida que crecía se fijó mayores objetivos, tener un trabajo y encontrar formas de cambiar las actitudes hacia las personas con discapacidad intelectual.

Conozcan a David

Las capacidades de liderazgo de David Egan brillan cuando habla con miembros del Senado tras concluir su testimonio ante la Comisión de Salud, Educación y Trabajo. 

David, que tiene 33 años ahora, ha vivido su sueño y ha inspirado a otros a vivir sus vidas. Entre otras cosas, se ha convertido en un apreciado portavoz de las personas con discapacidad intelectual, ha sido ponente en conferencias internacionales, testificó en una audiencia en el senado de los EE. UU. y se dirigió a un público global en las Naciones Unidas este año.  

Determinación para tener éxito

La familia de David afirma que siempre ha trabajado duro para tener éxito, incluso cuando era pequeño. 

Para David, que tiene síndrome de Down, sus muchos logros no han sido fáciles. Aquí es donde entra en juego la determinación, para seguir avanzando cuando las cosas se ponen difíciles. David afirma que eso lo ha aprendido como joven atleta. “Las Olimpiadas Especiales me han enseñado a tener éxito, a fijarme un objetivo y hacer lo mejor que pueda”, afirma David. “Cambiaron mi vida”.

David también conmemora los 15 años de trabajo en la consultoría tecnológica Booz Allen Hamilton. Él y su familia afirman que su camino hacia el éxito empezó pronto; en muchos aspectos, empezó con los deportes.

Su madre, Kathleen, dice que David trabajó duro cuando era joven para competir en eventos de natación locales, en los que era el único nadador con discapacidad. “Pero David era un competidor y quería ser el número 1”, afirma su madre. “Y eso era difícil en una piscina con nadadores fuertes que batían récords”. Kathleen afirma que cuando se unió a las Olimpiadas Especiales empezó a ganar confianza y a mejorar su autoestima de verdad. “Podía dar lo mejor de si mismo y ser el número 1”, afirma. “Para nosotros, como padres, lo mejor fue ver su alegría y su motivación... y celebrar sus éxitos”. 

Para toda la familia

Tal y como David recuerda, “Fue duro aceptar que tenía síndrome de Down. Pero las cosas mejoraron cuando me uní a Olimpiadas Especiales y descubrí que no estaba solo”. 

Al cabo de poco tiempo, las Olimpiadas Especiales se convirtieron en algo más que una cosa de David; toda la familia se implicó. Mientras David jugaba al fútbol y al baloncesto, su padre ejercía de entrenador y su hermana y su hermano pequeño ayudaban en el campo y recogían las pelotas. Kathleen dice: “Esas prácticas y los juegos dejaron una impresión duradera en todos nosotros. No se trataba solo de que David ganara confianza y se divirtiera, se trataba de toda una familia que se ofrecía como voluntaria”. Las hermanas de David también empezaron a ejercer de mentores para patinadores con necesidades especiales; su hermano ejerció de entrenador de fútbol y jugó a sóftbol unificado.

Kathleen reconoce estar muy orgullosa de David (“me sorprende”) y está muy agradecida a Olimpiadas Especiales por ayudarle a alcanzar sus sueños. En cuanto al resto de su familia, afirma que las Olimpiadas Especiales “también han cambiado su vida para mejor”. Añade, “Saben cómo apreciar los pequeños éxitos y ofrecer lo mejor: ‘Déjame que gane y si no puedo ganar, déjame que sea valiente en el intento’. Esto es lo que han aplicado a sus vidas.”